viernes, 7 de enero de 2011

Reflexiones desde las tripas: jodida y cabreada

"Prohibir debe de ser un placer tan genial como fumar. Y delatar, una satisfacción sensual disfrazada de deber cívico" (Jordi Mercader. El Periódico de Aragón 7/1/11)

-A todo esto ¿tú qué eres, prohibidora, delatora, fumadora...?
No. Yo, como dice doña Concha García, soy fumatriz.
-Ah...! Y ¿qué tal, pues?
Jodida y cabreada. ¡¿Qué pasa?!
-Eso, ¿qué pasa?
Pasa... te lo voy a contar... lo que me pasa.
Desde el día 2 mi cabreo ha ido creciendo día a día. Y mi ánimo bajando poco a poco. Mi cabeza no para: pienso, recuerdo, imagino, mientras mis tripas se van encogiendo de rabia, nostalgia e incertidumbre.
Soy consciente de que me afecta más de lo que pensaba la famosa Ley Antitabaco. Estaba prevenida de lo que podía traerme consigo, pero, como todo, hasta que no lo vives no lo sientes.
Se acabaron para mí los bares, cafeterías, restaurantes, pubs...
Aparentemente se puede pensar: bueno, hay cosas más importantes en la vida. Por supuesto, pero, oiga, es que da la casualidad de que son lugares donde hasta ahora se ha desarrollado una gran parte de mi vida social y de ocio. Y para mí han sido y son muy importantes.

Amigos, novios, tertulias, gestación de grandes ideas, aprendizaje, contactos, pensamientos, carcajadas, música, teatro, poesía, fiestas, citas mil, oportunidades, intercambios, aventuras... ¡Cuánta vida interesante en lugares cálidos con el placer de fumar, compartir un cigarrillo o los que hicieran falta!
Está invadiéndome un apabullante nostalgia...

Se acabaron los sitios con puertas. Porque en cada una lo primero que veo es una señal horrible roja de prohibición.
¡Vivan las ventanas y los balcones! Y eso significa: como en tu casa, en ningún sitio. Mira el espectáculo desde arriba o desde dentro, donde nada está prohibido. O bien disfruta de la calle, eso sí, ya no en coche, que la gasolina está muy cara; a pasear y pasear, llueva, haga frío, te mees, o tengas sed. ¡Cuánto voy a ahorrar...!
Imagino que de vez en cuando veré por los cristales de algún bar a alguien conocido y lo saludaré y haremos muecas, con una barrera de cristal entremedio. "Te veo, ya quedaremos". Pero ¿dónde?

Me gusta elegir. No me gusta el aborregamiento. Me gusta disfrutar y compartir mi disfrute. No me gusta que me prohiban. Me gusta la gente abierta. No me gusta lo típico, lo establecido, lo correcto. Me gusta la bohemia. No me gustan la distancias largas. Me gusta el roce. No, ya no me gustan los bares. Porque me gusta fumar.

-Vale. Entonces ¿qué vas a hacer?
Encontraré una solución, y no es ésa que me quieres dar tú.
Porque tú... ¡qué sabes de mí!

Retomo una entrada que escribí hace justo un año. ¡Cómo pasa el tiempo! Y fumando sigo...
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2 comentarios:

Anónimo dijo...

Comparto lo que sientes. No estas sola. Volveremos al bar a fumar, ya lo verás.

lanca dijo...

Gracias Anónimo. Lo sé. De hecho voy a bares y, desde luego, fumo. Los hay. Pero debería haber muchísimos más.

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