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sábado, 12 de junio de 2010

De ángeles

No puedo decir que estoy desangelada. La climatología sí.
Yo, sin embargo, me veo rodeada de ángeles.
Surgen en mi vida como caídos del cielo (nunca mejor dicho). Y me gustan.
Uno de los que más me ha impresionado es el interpretado por la germánica modelo Sandra Oltra en el último videoclip de Volador "Lejos de la tristeza", dirigido por Jorge Nebra y que se presentó el jueves 10 de junio en la bodega del Albergue de Zaragoza, acompañado de una refrescante fiesta.

Otro ángel (¿o demonio?): Santi Rex.
Venido del mundo de la imperfección, esdrújulo, geminísimo, hispánico y festivo, celebró su cumple el sábado 5 de junio. Mi acróstico regalo:
Santo varón de piel blanca
Ángel salado de cera
Navegas bajo tu estrella
Traficas con tu mirada
Ilusiones y bengalas
Recreas con voz de sangre
Escribo siempre en el aire
Xublime tú, que me cantas
Marisa Lanca

domingo, 30 de mayo de 2010

Ángela Gacías


Mi amiga Ángela se ha ido esta semana. Lo supe ayer.

Me han dicho que se fue feliz, sabiendo que se iba a un sitio mejor.
Es cierto, ¿dónde se va a sentir mejor un ángel que en el mismo cielo?
Fuimos muy amigas en la Escuela de Artes.
Mi ángel de la guarda en muchos momentos.
Luego, en la distancia.
Y ahora, de verdad.

Quiero recordar los mejores vividos con ella, que fueron siempre buenos, y desde ésta, mi ventana, ofreceros tres de ellos, como homenaje a una mujer que transmitía la alegría de vivir.

Retrato que le hice en la Escuela de Artes

En su penúltimo mail me envió un montón de fotos de sus ojos que le pedí para ilustrar un poema. No escribí nada. No necesitaba palabras.
Lo dejé en un puro poema visual. Ella lo llamó "La mora".



Gazza, uno de los mejores grupos de finales de los 80
y principios de los 90.
Los llamaban los U2 de Zaragoza. Los hermanos Gacías.
Ella hacía coros. Voz de ángel.

"El límite": mi canción preferida.



"Ocupando ese espacio

hacia el límite...

o más allá aún"

miércoles, 19 de agosto de 2009

Ángeles del siglo XXI



¿Existen los ángeles? ¿Alguien se acuerda de ellos?

Hace unas semanas me ocurrió algo insólito.
Íbamos con el coche por las calles de Zaragoza en dirección a nuestro bar. Una tarde noche bastante calurosa. Al llegar donde Anselmo Clavé se convierte en Avenida Goya, hay un semáforo que siempre se nos pone en rojo y la obligada parada suele durar unos tres o cuatro minutos.
Hay a la izquierda una especie de placeta rodeada de árboles, un sitio encantador, donde acostumbran a reunirse algunos "vagabundos" (en definitiva, gente que por circunstancias X ha perdido sus raíces, su trabajo, su familia, su casa, o su buena o mala suerte, quién sabe). Hay como un banco corrido en círculo, para favorecer la comunicación, supongo, aunque el sitio es muy discreto. Y allí conversan con sus breaks de vino o el bocadillo de turno. Es una zona de paso, pero no pasa nadie.

En esto se nos acerca uno de ellos, sonriente, muy delgado. Todos sabemos que la reacción inmediata (confesémoslo) es subir la ventanilla y mirar disimuladamente hacia otro lado (no se nos vaya a contagiar algo). Pero, mira por dónde, resulta que no fue ésta la reacción. El señor, de unos 45 ó 50 años, se pone a charlar con nosotros como si tal cosa.

–Hola ¿qué hay? Pues es que veréis. Me acabo de comer un bocadillo así de grande –gesticula con las palmas de las manos– y claro, estaba tan bueno que me he dicho: pues ahora lo que necesito es un cigarrito y ya ¡como dios! ¿No me daríais alguno?

Josemari coge el paquete, le quedan 3 y se lo da íntegro.
–¿Sabes lo que pasa? Que la gente siempre te contesta: No, yo no fumo. ¡Y sí que fuman! ¡Vaya que si fuman! Fuma todo el mundo –nos cuenta mientras lo abre muy contento de ver que tiene hasta para compartir con sus colegas–. Muchas gracias ¿eh? Os va a ir muy bien...

De repente, se me queda mirando y nos sorprende.
–Tu mujer está muy guapa con esa gorra –es una gorra verde militar, de camuflaje–. Sí, estás muy guapa –afirma rotundo–. Y cuida a este hombre.

El semáforo cambia de color. Arrancamos. El hombrecillo se da media vuelta. Me quedo mirándolo girando la cabeza para seguirlo. Me fijo que lleva unos vaqueros demasiado holgados. No son de su talla. ¿Por qué estará aquí este hombre? ¿Cuál sería su vida anterior a esto? La verdad es que me ha dado muy buen rollo.
Mis ojos lo siguen todavía, esperando el momento en que se reúna con sus colegas.
¡Ha desaparecido! Literalmente se ha esfumado.

–¡Te lo juro, Josemari, ya no está!
–Sería un ángel...

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